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UNA MIRADA A NUESTRA HISTORIA YANACONA En los pueblos indígenas todas las formas de historia confluyen, porque la historia, el recuento, el “hace mucho tiempo”, se cuenta, se recrea y se valora constantemente. El medio para hacerla y posibilitar que perviva en el tiempo es la memoria, la leyenda, el mito, la metáfora y la simbolización. Podíamos ubicar cuatro espacios, solamente como cuestión metodológica, para entender el proceso de reafirmación de nuestra historia e identidad cultural: Antes de 1.492 o la convivencia armónica y equilibrada; 1.492 a 1.537 o el mayor genocidio y etnocidio de la humanidad; 1.537 a 1.700 o la “conquista”; 1.900 en adelante o la reapropiación de la historia y la identidad Yanacona. Nuestro proceso de reorganización comienza en los años 60s y 70s, la reconstrucción de lo que hemos llamado la Casa y la Familia Yanacona empieza en los 80s. El Territorio Yanacona, cuya máxima autoridad es el Cabildo Mayor Yanacona, está ubicado en el núcleo del Macizo Colombiano. La estructura del Cabildo Mayor tiene una funcionalidad política, operativa y administrativa en espiral, que se resume en el siguiente esquema: Directiva del Cabildo Mayor (5 personas elegidas Comunitariamente) y Equipo Colaborador, Consejo de Autoridades Tradicionales, Coordinadores de Programas, Coordinadores de Proyectos, Asamblea Comunitaria (Instancia que decide), Cada Pilar y programa a su vez tiene su respectiva estructura funcional y operativa. En la década de los 90s se empezó a trabajar arduamente en la reestructuración de nuestra organización, desde la conformación de la Directiva Zonal Indígena del Macizo Colombiano DIZIMAC, la Directiva Yanacona Indígena del Macizo Colombiano DIYIMAC, la Comisión Permanente, hasta conformar el CABILDO MAYOR YANACONA - MACIZO COLOMBIANO (1.993), el cual, actualmente agrupa a veintinueve (29) comunidades: Caquiona Municipio de Almaguer; San Juan Municipio de Bolívar; El Moral, El Oso, Frontino y Puertas del Macizo Municipio de La Sierra; Guachicono, Pancitará, Paraíso, Santa Bárbara y Nueva Argelia Municipio de La Vega; Cabildo Indígena Yanacona de Popayán Municipio de Popayán, Cabildo Indígena Yanacona Avelino Rosas Municipio de Rosas; San Sebastián, Papallaqta Municipio de San Sebastián; Santa Martha y Descanse Municipio de Santa Rosa; Rioblanco Municipio de Sotará en el Departamento del Cauca. Cabildo Indígena Yanacona de Santiago de Cali Municipio de Santiago de Cali, Armenia Municipio del Quindío, Bogotá Distrito Capital. San Agustín Municipio de San agustín, Intillacta, Rumiyaco Municipio de Pitalito, Yacuas Municipio de Palestina; San José de Isnos Municipio de Isnos en el Departamento del Huila, Villa María de Anamú Municipio de Mocoa, Bajo Mirador Municipio de Orito, Dimas Onel Majín Municipio de Puerto Caicedo en el Departamento del Putumayo. Para un total de 18 municipios, cinco (5) departamentos ( Cauca, Valle del Cauca, Quindío, Huila, Putumayo), 1 distrito capital (Bogotá), con un total parcial de 45.126 habitantes, en 60.393 hectárea (Solo en el Cauca), el 16% de la población indígena del Departamento del Cauca, segunda población después del Pueblo Nasa. Según investigaciones realizadas sabemos que hace 3.000 años ya existían los Yanaconas con el nombre de Yanapakunas: “servidores” ubicados entre Bolivia y Perú, cerca al lago Titicaca. Mil años antes de la llegada de los españoles comienza una pequeña organización llamada Incas que, posteriormente, se convierte en la sociedad más poderosa de la Amerrikua (Hoy llamada América). Su poder radicaba, fundamentalmente, en el desarrollo del saber, la organización y la expansión de su territorio. Conquistó muchos pueblos entre ellos los que denominarían Yanakunas (Yana = servir, Ku = para mí, Na = plural “Mis servidores”, “Servicio mutuo”). Yanakonas es igual a decir: “Gente que sirve mutuamente en el tiempo de la oscuridad”. La rebeldía de los Yanakunas, dentro de la sociedad Incaica, provoca muchas reacciones, entre ellas: la disolución de éste pueblo, sacarlos del censo y exterminarlos. La mujer del Inca, Qolla, inteligentemente presiona para que no sean ejecutados, les “perdonan la vida” y son puestos al servicio de la organización Inca. Los Yanaconas no sólo empiezan a servir, también se ganan los espacios de poder, llegando a ser, con el tiempo, Curacas. Desde aquellos días los Yanaconas se caracterizaron por su rebeldía, amor a la libertad, pero sobre todo la pasión por el saber. Es mentira que los Yanaconas hayan sido pueblo Pacífico, lo que pasa es que, como humanos tenemos derecho a tener miedo. La disolución de la Sociedad Inca, por efecto de la invasión Europea, ocasiona que muchos Pueblos sean esclavizados, entre estos los Yanaconas. Los utilizan para conformar grandes ejércitos, trabajar como esclavos o para pelear entre hermanos. Sebastián de Belalcazar encomienda, inicialmente a Juan de Ampudia y Pedro de Añazco para que lleven 17.000 indios Anaconas hacia la conquista del norte y centro de América. Sebastián de Belalcazar llega con 7.000 indios al Macizo Colombiano, allí se disgregan por muchos sitios y empiezan a realizar diferentes actividades. Muchos de ellos fundan Pueblos indios y se ubican en lo que denominaron provincias de Guachiconu y Papallacta y ahí nos quedamos para siempre. Los docentes del resguardo indígena de Rioblanco, Sotará, nos regalan un cuento en donde se muestra todo el proceso Yanakona. Mire usted con quien se identifica.
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La montaña sagrada y sus duendes Hace muchos años, al pie de un volcán rodeado de una hermosa montaña, espacio sagrado, habitaban duendes, algunos intranquilos porque su taita estaba muy enfermo y por esta razón estaban bajo el mando del malviento que les daba maltrato y no los dejaba salir, ni jugar y menos espantar. Pasó el tiempo y un día se hicieron alrededor del fogón, se preguntaron, ¿qué hacemos para que se aliente el taita?, qué hacer para que ese malviento se aleje de la comunidad?... por qué no tenemos nombres? Entonces los duendes guaguas se inquietaron más sobre estos problemas… Ante esta situación los duendes más preocupados por el taita salieron a buscar un macuco que les diera un buen remedio, ya que los que habían dentro de la comunidad no pudieron, porque estaban también enfermos de malviento. Así fue, el macuco llegó a la comunidad y ofreció sus servicios, pero se sorprendió y dijo: habiendo tanta ruda, tanto paico, altamiza, calaguala y pispura, por qué no han sabido ustedes mismos curar al taita? Y ustedes como se llaman? Y mirándose la cara el uno al otro no supieron responder. Fue entonces cuando los mismos duendes comienzan a hacer sus propias agüitas de remedio, uno a uno se fueron curando, otros no quisieron ni siquiera probar los remedios y a otros les hizo mucho daño que quedaron mas chuecos que antes. Después, hubo un cambio, porque a quienes el remedio hizo muy buen efecto sintieron mucha alegría, tanta alegría que bailaron y querían hacer más bailes en cada momento, inventaron juegos y prometieron acompañar al taita para que no se enfermara nuevamente y fue tanta la fiesta y la bulla que otros duendes desde lejos la escucharon y se acercaron a saber de qué se trataba. Pues bien, los duendes del volcán contaron toda la historia, incluso como se alentaron del malviento; a los otros duendes les agrado la idea y los invitaron a sus montañas para compartir sus remedios, alegrías, juegos bailes y decidieron organizar una gran caminata por las hermosas montañas en donde encontraron muchas plantas, animalitos, admirados por los colores naturales que les daban el sol al combinarse con la llovizna de los paramos Llegó un atardecer, la caminata se detuvo en un lugar habitado por otros duendes muy parecidos en la forma de vestir, de hablar y de vivir, para lo que decidieron hacer una gran fiesta compartiendo mote, chicha y guarapo al son de las chirimías y guitarras, porque de esto si saben los duendes En la mitad del baile decidieron bautizarse para no confundirse con otros y el nombre de los duendecitos se regó por toda la montaña tanto que recorrieron haciendo mingas, compartiendo remedios, compartiendo más conocimientos sobre la existencia de otros lugares, otras formas de vida, pero tropezaron con duendes muy concentrados de mal viento y contagiaron a los demás, también encontraron duendes que no quisieron tomar los remedios. En este encuentro no solo bailaron, si no que se dieron cuenta que muchos duendes de la gran montaña estaban padeciendo de las mismas enfermedades, que algunos ya habían muerto, otros deseosos de tener remedio, querían acompañar y conocer más de cerca la cura con la que se venían alentando y curando taitas y duendes Los duendes continuaron su recorrido por el gran camino rial de la montaña, algunos en el afán de coger atajos se perdieron en ella, otros se cansaron quedándose en mitad de camino, de pronto en la oscuridad apareció el espíritu malo del Tapano, que perseguía a los duendes más alegres e inquietos sobre todo a aquellos que daban ideas dentro de la caminata por la montaña. A causa de este Tapano murieron duendes muy queridos por sus hermanos, dejando tristeza, mucho miedo lo que detuvo el recorrido y muchos se desviaron del gran camino rial; algunos duendes querían hacer parte de la caminata por la montaña, de los bailes y de todas las cosas bonitas que se iban dando en el recorrido, para lo que deciden entre todos formar grupos de trabajo y así rinda mucho más el camino.
En cada grupo hay duendes muy agudos que les gusta trabajar, dar buenos remedios, visitar enfermos, orientar y encaminar a los hermanos así como también hay duendes muy perezosos a quienes no les gusta preparar ni tomarse los remedios, son tan haraganes que no les gusta caminar, son egoístas: NO RAJAN NI PRESTAN EL HACHA, pero aun así se continua caminado… Desde un comienzo los duendes más alegres y agudos son los que siguen contagiando el recorrido con buenos propósitos, con música, con baile, con el conocimiento y haciendo resistencia al malviento y al espíritu maligno del Tapano. Hoy, luego del recorrido, los duendes han llegado a un sitio de la montaña para hacer un alto y revisar si el camino que se está recorriendo es el camino rial, o están avanzando por otros caminos parecidos, ya que entre los duendes se notan preocupaciones, dudas… pero al mismo tiempo con deseos de encausar ese camino, para juntos hacerle frente a espíritus más malignos que atisban en cada curva del sendero. Descubra:
Propuesta de Casa Espiritual Yanakuna. Lenin Anacona. |
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LA RECONSTRUCCIÓN DE LA CASA YANACONA Los Yanaconas, indígenas que habitan en los Andes del suroccidente de Colombia, en el nudo montañoso conocido como el Macizo Colombiano, surgen como grupo étnico diferenciado a fines de la década del ochenta. Su presencia en este escenario social es el resultado de un proceso de reindigenización que condujo a la población de los resguardos del Macizo a identificarse como Yanaconas, estableciendo vínculos histórico-culturales con la antigua sociedad Inca. Además del significado histórico y cultural que este hecho representa para la lectura y comprensión antropológica de los Andes del sur de Colombia como espacio etnográfico, el proceso de reindigenización de los Yanaconas constituye una opción política fundamentada en la etnicidad que promueve cambios importantes en la conformación social, política y cultural del Macizo Colombiano como espacio social. Utilizando la metáfora de la casa como espacio de vida cotidiana, los Yanaconas expresan su voluntad de reconstruirse como pueblo étnicamente diferenciado. De esta manera, la “casa Yanacona” no sólo representa la idea de territorio como espacio físico que les garantiza los medios materiales de subsistencia, sino que también corresponde al espacio político que los Yanaconas están reconstruyendo con base en el fortelecimiento de los Cabildos indígenas como entidades políticas tradicionales. La “casa Yanacona” es la metáfora que representa el espacio territorial, político y social que da abrigo a la cultura Yanacona, es decir a la propia vida que los indígenas del Macizo Colombiano están construyendo para sí mismos, pero siempre en relación con los “otros” El espacio social: Actores y conflictos en el Macizo Colombiano El Macizo Colombiano como espacio geográfico, es un nudo montañoso localizado en los Andes del suroccidente de Colombia, en la región sur de los departamentos de Cauca y Huila y el norte del departamento de Nariño. La visión más recurrente del Macizo, en el imaginario de la población colombiana, es que esta región constituye una importante reserva natural, dado que allí nacen los cuatro principales ríos que surcan el país en distintas direccines: los ríos Magdalena y Cauca que desembocan en el océano Atlántico, el Patía que va hacia el océano Pacífico y el río Caquetá, tributario del Amazonas. Por esta razón, el Macizo Colombiano también es conocido como la “Estrella Fluvial Colombiana”. Pero además de estas características geográficas que contribuyen a catalogar esta región como una importante reserva ecológica, el Macizo Colombiano constituye un espacio social complejo debido a la presencia de diversos sectores sociales y posiciones políticas en constante interacción que hacen de esta región, un espacio propicio para los conflictos sociales. Caracterizar el Macizo Colombiano como un espacio social permitirá contextualizar el ámbito en que se genera el proceso de reindigenización de los Yanaconas y los impactos que este hecho produce a nivel local, regional y nacional. Debido a la presencia de grupos alzados en armas que operan en esta región, el Macizo Colombiano figura como una “zona roja” en los mapas de orden público nacional. Desde los años setenta, las montañas y pueblos del Macizo son testigos de la presencia de grupos insurgentes tales como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y la Unión Camilista Ejército de Liberación Nacional (U.C. ELN), organizaciones que ejercen cierto control sobre las dinámicas sociales y políticas en esta región. Estos grupos fiscalizan las administraciones municipales, apoyan algunos movimientos sociales de carácter popular, se manifiestan contra la presencia de cultivos ilícitos, realizan operaciones de “limpieza” en las diferentes comunidades, controlando la delincuencia común. Los enfrentamientos de estos grupos insurgentes con los miembros de la policía y el ejército nacional, las incursiones en los pequeños centros urbanos del Macizo y en las comunidades indígenas donde han cometido atropellos contra la autoridad de los Cabildos, reclutando por la fuerza a hombres y mujeres jóvenes y atentando contra la vida de algunos líderes indígenas, son elementos que hacen que la relación entre los grupos alzados en armas y las comunidades indígenas sea ambivalente y conflictiva. Su presencia los somete a permanecer “entre dos fuegos”, es decir, en medio de un campo de batalla cuyos objetivos no les compete a los indígenas, pero que los afecta en tanto que se desarrolla en su territorio, transgrediendo la autoridad de los Cabildos e intranquilizando a las comunidades. De otro lado, el Macizo Colombiano figura como uno de los principales centros de producción de cultivos ilícitos y procesamiento de narcóticos. Desde la década del setenta, las poblaciones del Macizo Colombiano se vieron afectadas por el fenómeno de la producción y tráfico de cocaína, involucrando a la población urbana y campesina mestiza que habita en las zonas bajas (1300 y 1800 mts), en la producción intensiva de coca para el procesamiento de cocaína. Hay que señalar que la producción de coca es una actividad tradicional en las comunidades indígenas, quienes la cultivan en pequeñas cantidades en los terrenos que cada familia indígena procura tener en “lo caliente”, es decir, en las partes bajas de las montañas, debido a que en la zona “fria” o de mayor altitud donde se encuentran ubicados los territorios de resguardos indígenas, no es posible producir coca. El auge de la producción intensiva de coca para la industria de la cocaína produjo una cruenta ola de violencia entre los campesinos mestizos de las zonas bajas del Macizo, afectando específicamente los municipios de Bolívar, Almaguer y La Vega, provocando desplazamientos de población de los pequeños centros urbanos a las grandes urbes y ciudades intermedias del país y de la población rural a las capitales municipales, además de un proceso acelerado de decomposición social que se traduce en la aparición de diversas formas de delincuencia común. Si la producción y tráfico de cocaína fue el flagelo que azotó a la población no indígena del Macizo Colombiano en los años setenta y ochenta, el cultivo de amapola para la extracción de látex y el procesamiento y tráfico de la pasta básica de heroína, es el fenómeno que en los años noventa viene afectando la dinámica social, económica, política y cultural de la población indígena del Macizo. La producción de amapola y procesamiento del látex, fenómeno en el cual se vieron involucrados los indígenas del Macizo, constituye hoy en día uno de los principales obstáculos a la consolidación del movimiento étnico Yanacona, debido a que distrajo la atención de los líderes y de la población indígena en general, viéndose obstaculizados tanto el proceso de reflexión como las prácticas sociales y políticas encaminadas al fortalecimiento de la identidad Yanacona y a la realización de su proyecto político. De esta manera se produjo una crisis que desestructuró la continuidad y fuerza del proceso organizativo que desde los años ochenta vienen realizando los indígenas del Macizo en torno a la identidad Yanacona. Graves problemas de tenencia de tierras afectan a la población campesina mestiza de esta región, pero específicamente a la población indígena que se encuentra confinada dentro de los estrechos territorios de los resguardos(1), donde cada familia indígena sólo puede tener acceso a un promedio de 2,5 hectáreas de tierra para su usufructo. Debido a la escasez de tierra en los resguardos, pero también a las prácticas productivas tradicionales, cada familia indígena procura tener una parcela de propiedad particular en las zonas bajas y cálidas que están por fuera de los límites de los resguardos. De esta manera los indígenas pueden acceder a los productos de los pisos térmicos cálidos y templados, proceso en el que además establecen relaciones de amistad, compadrazgo y matrimonio con los campesinos no indígenas de estas regiones. Confinadas en los reducidos territorios de los resguardos, las cinco comunidades indígenas del Macizo Colombiano -Río Blanco en el municipio de Sotará, Guachicono y Pancitará en el municipio de La Vega, Caquiona en el municipio de Almaguer y San Sebastián en el municipio del mismo nombre-, han vivido soportando las adversidades que debe padecer una población creciente y hacinada en un territorio reducido. Los problemas de tenencia de tierra se han agudizado en los últimos años, trayendo como consecuencia enfrentamientos violentos entre familias al interior de los resguardos. Uno de los mecanismos sociales empleados por los indígenas del Macizo Colombiano para atenuar los problemas ocasionados por la escasez de tierra es la migración hacia otras regiones rurales y urbanas del país. Ciudades como Bogotá, Cali, Armenia y Popayán son focos receptores de población indígena del Macizo, la cual llega a estos centros urbanos procurando mejores condiciones de vida. Estos migrantes se emplean como obreros de fábricas, como vigilantes o como jornaleros en las fincas cafetaleras del departamento del Quindío o en las haciendas de la agroindustria azucarera del Valle del Cauca; también como empleadas del servicio doméstico en el caso de las mujeres. Otra de las consecuencias de la escasez de tierra son los desplazamientos a espacios de colonización como las regiones selváticas de los departamentos de Caquetá y Putumayo y la región de la Bota Caucana al extremo sureste de dicho departamento, donde un grupo de familias procedentes del Macizo han organizado un poblado de colonos indígenas. Las difíciles condiciones económicas y sociales vividas en los resguardos motivaron el desplazamiento de población indígena a regiones rurales cercanas, formando pequeños asentamientos de población indígena por fuera de los territorios de los resguardos, lo que ocasionó la formación de tres comunidades indígenas civiles en el municipio de La Sierra - Frontino, El Oso y El Moral-, comunidades conformadas por familias indígenas que desde comienzos del presente siglo migraron hacia estas veredas del municipio de La Sierra, sin por ello perder sus vínculos sociales, económicos y políticos con sus comunidades de origen en los resguardos del Macizo. Estas tres comunidades indígenas y sus respectivos Cabildos fueron reconocidos legalmente en 1989, después de afrontar diversos conflictos con la administración municipal y los líderes de partidos políticos que se oponían a su reconocimiento. Estas comunidades son gobernadas por Cabildos indígenas, al igual que los resguardos. La diferencia con estos últimos radica en que no tienen un territorio de propiedad colectiva, sino que se basan en la propiedad particular. De ahí que el fundamento de las comunidades indígenas civiles debe buscarse en su organización socio-política, que gira en torno al Cabildo indígena, y no sobre la dimensión territorial propia de los resguardos. Hoy en día, las comunidades de Frontino, El Oso y El Moral hacen parte de la población indígena que se autoidentifica con el etnónimo de Yanaconas y sus Cabildos, en unión con los Cabildos de los cinco resguardos, conforman el Cabildo Mayor Yanacona, el más importante organismo político que representa a las comunidades Yanaconas del Macizo Colombiano. Pero además de los problemas socioeconómicos derivados de la escasez de tierra en los resguardos, cuyas consecuencias son la violencia entre familias por problemas de linderos y la migración de los indígenas hacia otros sectores rurales y urbanos de Colombia, las comunidades indígenas del Macizo se veían azotadas por problemas políticos relacionados con el creciente desconocimiento de la autoridad de los Cabildos. Los Cabildos indígenas son las entidades políticas que representan la máxima autoridad en los resguardos y comunidades indígenas civiles. Están conformados por ocho miembros: Gobernador principal y suplente, regidor primero, regidor segundo, alcalde primero, alcalde segundo, alguacil y secretario. El Cabildo es la instancia política que toma las decisiones a nivel de toda la comunidad, adjudica el derecho de usufructo de las parcelas de tierra a cada comunero, vela por el bienestar de los ancianos, organiza actividades comunales, resuelve conflictos internos y representa a la comunidad indígena ante otras instancias políticas regionales y nacionales. El desconocimiento de los Cabildos se reflejaba en la falta de credibilidad en sus gestiones políticas por parte de los miembros de la comunidad, como también en la pérdida de la autonomía debido a que personas ajenas a las comunidades estaban manipulando la capacidad de convocatoria de los Cabildos indígenas en favor de sus intereses políticos partidistas de filiación Liberal o Conservadora, instalando una red clientelista al interior de la cual se tomaban las principales decisiones. Numerosos testimonios dan cuenta de cómo se manipulaban las elecciones de los miembros de los Cabildos y cómo los líderes vinculados a los partidos tradicionales(2) maquinaban diferentes trucos para ganar adeptos a sus partidos en épocas de elecciones parlamentarias, a través del establecimiento de redes clientelistas, en donde un conjunto de ciudadanos liderados por un “cacique” político de la región que actúa como intermediario, a su vez, se convierten en clientes de otro patrón con mayor poder político, estableciendo una red de poder y dependencia (Burgwal 1993: 9-10). En estas condiciones las comunidades indígenas se enfrentaban a un grave proceso de desestructuración de sus autoridades y de su organización socio-política en general. Esta pérdida de autoridad de los Cabildos era el reflejo del descontento de las comunidades frente a la forma cómo se estaba manipulando la capacidad de gestión y organización que al Cabildo le competía. Como un mecanismo para la búsqueda de soluciones a los diferentes problemas de carácter económico y sociopolítico que afectan la población mestiza e indígena del Macizo Colombiano, desde mediados de la década del ochenta los habitantes de esta región vienen generando movimientos sociales que buscan transformar las difíciles condiciones sociales, económicas y políticas que están afrontando. De otro lado, el proceso de reindigenización de los Yanaconas, es decir, el conjunto de prácticas sociales, políticas y culturales que condujo a la población indígena del Macizo a reivindicar su condición étnica, estableciendo vínculos histórico-culturales con la antigua sociedad Inca, desembocó en un movimiento étnico que surge como una nueva fuerza que dinamiza los procesos socio-políticos contemporáneos en este escenario social. Este proceso es el resultado de la covergencia de diferentes movimientos sociales que ya se venían gestando desde mediados de la década del ochenta, dentro de los cuales destaca el del gremio de maestros del resguardo del Río Blanco, que desde 1985 viene trabajando en un proceso de reflexión y participación en las decisiones políticas de la comunidad; la Asociación de Jóvenes Indígenas de Río Blanco (AJIR) y el Movimiento Cívico de Caquiona por esa misma época. Ya para 1988 las comunidades indígenas de Frontino, El Moral y El Oso luchaban por el reconocimiento oficial de sus Cabildos, en tanto que los migrantes indígenas residentes en las ciudades de Cali y Armenia, desde 1982 creaban organizaciones como ACUR (Acción Cultural Rioblanqueña) y posteriormente CREAR (Colonia Residente en Armenia), cuya participación ha sido decisiva en el proceso de reindigenización Yanacona. Por otra parte, los antiguos líderes de estas comunidades, generalmente vinculados a los partidos políticos de filiación liberal o conservadora, surgen como los principales opositores al movimiento étnico Yanacona, dado que pretenden sostener su liderazgo mediante el caduco sistema de intercambio de favores por votos de apoyo a los candidatos de dichos partidos como aspirantes a ocupar un cargo político representativo en la asamblea departamental, la cámara de representantes o el senado. Estos viejos líderes son los intermediarios entre la población indígena y los patrones políticos, de quienes dependen para el sostenimiento de su liderazgo comunal y la consecución de favores personales. Catalogándolos como “subversivos” y “revolucionarios”, los antiguos líderes políticos han reaccionado contra los movimientos sociales que en los últimos años han surgido en el Macizo Colombiano, provocado en algunos casos, confrontaciones violentas con los líderes de estos nuevos movimientos. Esta descripción del Macizo Colombiano como espacio social, muestra la existencia de diferentes actores sociales que actúan de acuerdo con sus intereses específicos. Tal diversidad de actores e intereses hacen del Macizo Colombiano un escenario social donde los conflictos están latentes, cuando no se manifiestan explícitamente. En algunos casos los conflictos pueden dar origen a cambios de carácter socio-político que se traducen en el desplazamiento de los actores sociales que tradicionalmente controlaban las instituciones políticas. Tal es el caso de los viejos líderes políticos con su caduco sistema de control a través de redes clientelares, quienes vienen siendo desplazados por los líderes de los nuevos movimientos sociales de carácter campesino e indígena, los cuales buscan abrir espacios más amplios de participación política. En otros casos, los conflictos llegan hasta el punto de generar situaciones violentas, tal como sucede en las relaciones de los grupos alzados en armas, las fuerzas militares y agentes del narcotráfico con la población campesina e indígena. En este sentido, los procesos sociales que se viven en el Macizo Colombiano, se gestan y desarrollan en un espacio propicio para los conflictos. Considerando los anteriores elementos etnográficos y siguiendo las orientaciones teóricas de Roberto Cardoso de Oliveira (1996: 174), podemos afirmar que el proceso de reindigenización Yanacona se gesta y desarrolla en una situación de “fricción interétnica”, es decir, en un ámbito caracterizado por la preponderancia de aspectos competitivos y conflictivos que mediatizan las relaciones sociales establecidas entre los grupos étnicos y los diversos sectores sociales en el espacio local, regional y nacional donde éstos están insertos. En efecto, el proceso de reindigenización Yanacona surge en oposición al sistema político bipartidista que tradicionalmente venía ocupando y manipulando los espacios políticos indígenas a nivel local, desconociendo la autoridad y autonomía de los Cabildos. A nivel regional, con el proceso de reindigenización Yanacona se hace más evidente el grado latente de los conflictos con los grupos alzados en armas y los agentes del narcotráfico que operan en el Macizo Colombiano, una vez que ahora los indígenas no actúan de manera aislada y en forma individual, sino a nivel de una organización, el Cabildo Mayor Yanacona, como entidad política que representa la máxima autoridad en estas comunidades y que les confiere suficiente poder para actuar colectivamente y en nombre de su etnicidad. Finalmente, el carácter étnico del movimiento Yanacona, hace que los indígenas del Macizo aparezcan en este espacio social como nuevos actores políticos, reclamando su participación en los procesos políticos locales, regionales y nacionales y el reconocimiento de su condición étnica por parte del Estado y la sociedad nacional. El surgimiento de la identidad Yanacona Las comunidades indígenas del Macizo Colombiano que hoy reafirman su identidad étnica con base en el etnónimo Yanacona, reclaman nexos histórico-culturales con el pasado andino prehipánico,consolidando un nuevo imaginario que los relaciona con la ya extinta sociedad Inca. Para comprender este proceso, es necesario considerar algunos elementos etnohistóricos que permitan entender los fundamentos del origen étnico que los Yanaconas hoy reclaman para sí. Uno de los principales elementos en los que se basan los Yanaconas para establecer sus posibles nexos histórico-culturales con la antigua sociedad Inca, es el reconocimiento del Quechua como su lengua original. Es preciso aclarar que la presencia de esta lengua en el territorio de los actuales Yanaconas, sólo se limita a la existencia de algunos topónimos, antropónimos y algunos vocablos de uso cotidiano(3), los cuales constituyen un indicador de la existencia de esta lengua en el período colonial, aunque no se descarta la posibilidad de su introducción en épocas prehispánicas. Cabe aclarar, sin embargo, que en la actualidad los Yanaconas del Macizo Colombiano son hispanohablantes en su totalidad. La presencia del Quechua en el Macizo Colombiano es un tema que ha suscitado diferentes hipótesis. La explicación más divulgada sobre este hecho es la que presenta Juan Friede (1976: 35-6), quien considera que el Quechua llega al Macizo Colombiano con los Yanaconas traídos por los españoles desde Ecuador y Perú para que sirvieran como cargueros e intérpretes, aunque este autor también plantea la posibilidad de la existencia de influencias linguísticas precoloniales. Los Yanaconas constituían una categoría social y no un grupo étnico dentro de la organización del Tahuantinsuyo incaico. Comúnmente se les ha denominado los “servidores” del Inca. Wachtel (1971) coloca en tela de duda la condición de “servidores perpetuos” atribuida a los “Yanas”. Según este autor, eran diversas las tareas que cumplían los “Yanas”, incluso se les asignaba cargos administrativos importantes y jugaban un papel fundamental en la economía de pastoreo. Por lo demás, según Wachtel, no es posible atribuirles el carácter de “esclavos”, en la medida en que tan sólo uno de los hijos de los “yanas”, heredaba esta condición y a que poseían algunos bienes como casas, tierras y ganado. El mismo autor señala que el número de Yanas aumenta bajo la dominación española, produciéndose una especie de alianza entre “yanas” y españoles debido a las ventajas que podían generarse mutuamente. Es decir, los españoles ganaban prestigio, además de las ventajas económicas que implicaba el tener “yanas” y éstos, desde tal condición, podían evadir el tributo y la mita, tenían derecho a la propiedad y podían dedicarse al comercio (Wachtel 1971: 111-2, 201). Kathleen Romoli (1962), coloca en tela de duda la hipótesis de que el Quechua llegara al Macizo Colombiano con los yanaconas traídos por los españoles desde el sur. Sus investigaciones etnohistóricas plantean que la presencia del Quechua en el antiguo distrito de Almaguer(4) parece haber existido desde mucho antes de la llegada de los españoles y de los yanaconas a estas tierras en 1551. Posiblemente como consecuencia de la llegada de pueblos indígenas procedentes de Ecuador, a raíz de la conquista de Quito por Tupac Yupanqui hacia 1465. La autora sostiene que recién hacia 1615, el Quechua prácticamente desaparece en el distrito de Almaguer. No obstante de las diferentes hipótesis generadas desde los discursos académicos sobre la presencia del Quechua en el suroccidente colombiano, del cual sólo quedan algunos quechuísmos en el Macizo, lo cierto es que los indígenas de esta región consideran este hecho como un elemento muy importante que contribuye a legitimar la vinculación histórico-cultural con la sociedad Inca que reclaman para sí, factor que constituye uno de los principales elementos culturales en los que se fundamenta la consolidación de la identidad étnica Yanacona. Hasta los primeros años de la década del ochenta, la pertenencia a los territorios de “resguardos” era el único elemento con que los habitantes de estos territorios contaban para el reconocimiento de su condición de indígenas, pues no existía una consciencia colectiva, una memoria histórica y cultural que condujera a estos indígenas a identificarse como pertenecientes a un grupo étnico específico. El derecho colectivo que les confirió a los indígenas la institución colonial del resguardo era hasta hace algunos años la única evidencia de su condición étnica para los indígenas del Macizo. Los cinco resguardos indígenas que hoy existen en el Macizo Colombiano: Río Blanco, Guachicono, Pancitará, Caquiona y San Sebastián, según lo señala Friede (1976: 15) son “algunos de los más antiguos resguardos indígenas de Colombia”. Para este autor, los resguardos del Macizo Colombiano no son concetraciones de población originaria del sitio, sino que constituyen núcleos formados artificialmente como consecuencia del despojo forzoso o legal al cual los españoles sometieron a la población indígena (Ibid. 1976:22). Es probable que con el violento impacto que produjo la intervención española, muchos de los pueblos que ocupaban el territorio del Macizo se vieron obligados a refugiarse en áreas apartadas de sus comunidades de origen. Y si bien es factible que la población de los resguardos del Macizo Colombiano haya sido conformada por indígenas de diferente procedencia étnica y filiación linguística, aunque hoy sólo sean hispanohablantes, dentro del imaginario de los actuales Yanaconas la aportación histórica y cultural más significativa en el proceso de reindigenización y resurgencia étnica que ellos adelantan, es la que Friede enfatiza en los siguientes términos: Además, está históricamente comprobado que con los conquistadores llegaron a la región varios miles de indios forasteros y sobre todo anaconas o yanaconas traídos del sur, que también llegaron a formar parte de la población indígena de los resguardos. El ya nombrado cacique, Dn. Carlos Inca de Salazar... se llama cacique principal de los indios anaconas y forasteros de esta ciudad de San Juan de Pasto. Además, varios documentos tratan de indios anaconas, como pertenecientes a una tribu o agrupación definida y no sólo como un apellido muy esparcido entre los indios de la comarca. (Friede 1976:22). Romoli (1962: 273) arguye que no fueron “miles de indios forasteros”, tal como platea Friede, sino unos pocos yanaconas quienes llegaron al Macizo Colombiano con los conquistadores españoles. Pero al margen de lo que plantea Friede o Romoli al respecto, lo cierto es que la presencia de Yanaconas en el Macizo es un elemento histórico que ha contribuído notablemente a la autoidentificación étnica que hoy retoman los indígenas de esta región, constituyéndose en el símbolo más importante de su identidad.
Ya en el período republicano, a finales del siglo XIX, la promulgación de la ley 89 de 1890 estipula que los territorios de resguardos son “inalienables, imprescriptibles e inembargables”, constituyéndose en la única garantía jurídica que proporcionaba protección a los pueblos indígenas. De esta menera, la figura jurídica del “resguardo” pasó a ser un referente de identidad indígena para muchos pueblos de la región andina colombiana, por cuanto les permitió reproducir su forma de vida colectiva, aunque su identidad como grupos étnicos diferenciados se viera sometida a un proceso de ocultamiento, es decir, muchos de ellos optaron por asumir y mostrar rasgos socio-culturales propios de la sociedad envolvente, ocultando en gran medida los rasgos de su propia cultura, tal como aconteció con otros pueblos indígenas en América Latina(5), pero sin que ésto significase la pérdida total de su identidad étnica. Un proceso similar ocurrió con los indígenas del Macizo Colombiano. Hasta el siglo XVII se menciona en los documentos a “los indios de Almaguer que se llaman anaconas de distintos pueblos” (Friede 1976:31), pero posteriormente ese posible etnónimo con el que eran conocidos los indígenas del Macizo sólo figura como un apellido muy común en esta región. Sin un nombre específico que les proporcionara la idea de su origen étnico y sin el dominio de una lengua diferente al castellano que les permitiera establecer una marcada distinción con los campesinos blanco-mestizos de la región, los indígenas del Macizo Colombiano permanecieron en sus territorios de resguardos reproduciendo sus rasgos socio-culturales, pero al mismo tiempo incorporando formas del estilo de vida propio de la sociedad envolvente, las cuales pasaron a ser exhibidas a la vez que poco a poco se ocultaban las propias. De esta manera se produjo un proceso de velamiento de su identidad étnica, de tal forma que sólo el sentido de pertenencia a un resguardo fué, hasta hace algunos años, la única evidencia de su condición de indígenas. En este sentido, el hecho de pertenecer a un territorio de resguardo se constituyó en un factor jurídico de identidad. No obstante, fue un elemento que coadyuvó a la sobrevivencia y protección de una identidad que, aunque velada durante más de un siglo, surge hoy como una manifestación expresiva de la vitalidad y la vigencia de la etnicidad de este pueblo. El caso contrario se puede observar en los poblados próximos a las actuales comunidades Yanaconas y cuyos resguardos fueron extinguidos, tales como El Rosal en 1818, Los Milagros en 1825, San Juan en 1918 y Santiago del Pongo en 1927. Estas comunidades se vieron abocadas a un proceso de campesinización, perdiendo su identidad como indígenas, y aunque todavía exhiben rasgos culturales similares a los de las poblaciones Yanaconas(6) , hoy no se identifican como indígenas, sino como campesinos mestizos. Las luchas de los indígenas del Macizo Colombiano en defensa de sus resguardos se fundamentaron en el carácter “legalista” que Friede acota en su estudio sobre los resguardos de esta región. Ese llamado “legalismo” buscaba establecer acuerdos con el aparato estatal vigente, con el fin de procurar mejores condiciones de vida a partir de una especie de resistencia pacífica. Estas luchas “legalistas” por la tierra durante el período colonial y posteriormente durante el proceso de formación del estado-nación colombiano, constituyen quizá la estrategia que ha permitido a las comunidades indígenas del Macizo Colombiano continuar viviendo y reproduciendo su sociedad y cultura, pues sólo a través de su resistencia pacífica a la extinción de los resguardos, éstas han podido mantener su consciencia de ser indígenas. El movimiento étnico Yanacona que los indígenas del Macizo Colombiano comienzan a gestar y consolidar a partir de 1985 aproximadamente, en mi comsideración puede entenderse como un proceso de reindigenización o develamiento de su identidad étnica, fundamentado en la construcción en el presente de una tradición que vincula a los indígenas del Macizo con la historia y la cultura de la antigua sociedad Inca. La identidad Yanacona proporciona un referente simbólico a los indígenas del Macizo que contribuye a legitimar el proyecto político y social a través del cual estas comunidades pretenden solucionar los conflictos relacionados con las formas de dominación social, económica y política a las cuales se han visto sometidas desde hace muchos años atrás por parte de fuerzas ajenas a las mismas. En este proceso de reindigenización que involucra tanto la generación de referentes simbólicos e histórico-culturales, así como también la creación de un proyecto político, social y económico, destaca la participación de mujeres y hombres que han contribuído con ideas y acciones a la consolidación de tal proceso. Estos actores sociales son intelectuales indígenas quienes a través de nuevos discursos y prácticas sociales, están forjando y difundiendo nuevos sentidos sociales, políticos y simbólicos al interior de su propia sociedad, contribuyendo de esta manera a la transformación de su condición subalterna. Considero los intelectuales indígenas en el sentido que lo hace Steven Feierman (1990) con los intelectuales campesinos de Tanzania compremetidos en la lucha contra el colonialismo británico en los años cincuenta. Para este autor, los intelectuales están definidos por su participación en los procesos sociales, asumiendo actividades directivas, educativas o expresivas socialmente reconocidas. En este sentido, los educadores, artistas, líderes políticos, curanderos, funcionarios públicos, pueden ser considerados como intelectuales (Feierman 1990: 17-8). Los argumentos de Feierman dan pie para considerar la existencia de intelectuales indígenas académicos (aquellos que tienen formación académica de nivel medio y superior o universitaria) y no académicos (autoridades indígenas, artesanos, médicos tradicionales, artistas) que están participando activamente en el proceso de creación, organización, dirección y difusión del movimiento étnico Yanacona. Los intelectuales académicos que dirigen las “colonias”(7) de emigrantes indígenas a las ciudades de Cali, Bogotá, Armenia y Popayán, así como también los educadores de las escuelas y colegios indígenas y los jóvenes residentes en sus propias comunidades, fueron los líderes pioneros, quienes construyeron el andamiaje ideológico que diera sustento y legitimidad a la identidad Yanacona. Pero los intelectuales indígenas que pueden ser considerados como los principales gestores de una consciencia identitaria Yanacona, son los jóvenes emigrantes quienes debieron salir de sus comunidades de origen debido a las presiones socio-económicas, a situaciones de violencia o por la necesidad de mejorar sus condiciones de vida y acceder a la educación universitaria. Desde la década del ochenta los emigrantes indígenas vienen conformando asociaciones fundamentadas en los sentimientos de pertenencia a la misma comunidad de origen y cuyo objetivo principal es el afianzamiento de sólidos lazos sociales que les permitan establecer redes solidarias en el ámbito urbano. Estos emigrantes indígenas se han organizado en “colonias”, instituciones que son reconocidas jurídicamente, tienen una programación organizada de sus actividades y cuentan con órganos de difusión de su pensamiento y objetivos. Entre estas asociaciones se destacan ACUR (Acción Cultural Rioblanqueña) que opera en la Ciudad de Cali, y CREAR (Colonia Residente en Armenia). Al interior de estas asociaciones de emigrantes indígenas, destaca la participación de los intelectuales indígenas académicos, es decir, de jóvenes indígenas que han tenido acceso a la educación universitaria y han recurrido a las herramientas académicas, interiorizando, aceptando y transmitiendo un discurso académico de carácter etnohistórico en el que se vincula étnicamente a los indígenas del Macizo Colombiano con los Yanaconas procedentes de Ecuador y Perú traídos por los españoles a esta región en los primeros años del régimen colonial. Son estos intelectuales quienes han difundido este discurso en las “colonias” urbanas de emigrantes y en sus comunidades rurales de origen, sentando una importante base histórico-cultural que proporcionó sustento y legitimidad al proceso organizativo que ya se venía gestando en los resguardos y comunidades civiles del Macizo. El discurso de los intelectuales indígenas académicos muestra una visión idealizada de la sociedad Inca de la cual dicen provenir. Este discurso es el fundamento sobre el que se construye una memoria que hoy cobra vida al legitimar una identidad étnica con base en la cual también se gesta un proyecto político y social Yanacona. Por otra parte, en los resguardos y comunidades indígenas del Macizo, los educadores indígenas han jugado un papel muy importante en la gestación de un proceso de organización social y política que pretendía acabar con la situación de dominación y dependencia política en las diferentes localidades. Hoy en día los educadores indígenas contribuyen a consolidar la identidad Yanacona desde la cotidianidad de las aulas escolares, en su relación con los niños y jóvenes indígenas, los padres de familia y las autoridades de los Cabildos, afianzado desde la escuela, la nueva consciencia de la identidad Yanacona. Los jóvenes estudiantes que viven en los resguardos y comunidades indígenas del Macizo, también tienen un papel importante en la organización y dirección del movimiento Yanacona en la medida en que muchos de los últimos gobernadores de los Cabildos indígenas son jóvenes que han concluido sus estudios secundarios y dedican buena parte de su tiempo a trabajar en actividades organizativas y directivas dentro de la comunidades. La recuperación de los espacios políticos a través del fortalecimiento de la autoridad de los Cabildos fue un paso muy importante en la consolidación y legitimación de la identidad Yanacona y el movimiento étnico que en torno a ésta se estaba gestando. Los nuevos líderes indígenas, al ser reconocidos por las comunidades, pronto irían a ser elegidos como las principales autoridades, desplazando a los antiguos líderes vinculados con las redes clientelistas del bipartidismo colombiano. Las asociaciones de artesanas buscan revalorar los saberes tradicionales sobre tinturas naturales y técnicas de tejidos. Los artistas Yanaconas buscan difundir sus conocimientos y actitudes musicales en encuentros artísticos regionales y nacionales. De esta manera, a través de las artesanías y de la música, los intelectuales Yanaconas buscan los espacios para difundir y mostrar su consciencia identitaria. Considerando cual ha sido la participación de los intelectuales indígenas en el proceso de reindigenización Yanacona, podemos concluir que este proceso es el resultado de la convergencia de diferentes prácticas sociales que en los años ochenta se venían gestando tanto en los espacios urbanos como en los resguardos y comunidades civiles. Estas prácticas estaban encaminadas al fortalecimiento de una identidad indígena Yanacona que proporcionó la dimensión étnica al movimiento político que intentaba romper las caducas estructuras políticas fundamentadas en el clientelismo bipartidista y de esta manera alcanzar la autonomía política que les permitiera construir su propio proyecto de vida. La nueva idea difundida entre los indígenas del Macizo de que son provenientes de la antigua sociedad Inca, además de llevarlos a construir en el presente una tradición que se remonta a la época del Tahuantinsuyo incaico, ha generado actitudes tendientes a revalorar elementos culturales tradicionales tales como el vestido, la música y la tradición oral, elementos que eran considerados por los propios indígenas como “en peligro de extinción”. Así por ejemplo, la “ruana” o poncho de lana de oveja tejido por las mujeres Yanaconas, se ha convertido en un importante símbolo de su identidad y es utilizado para mostrar su identidad como indígenas, específicamente cuando salen a las ciudades para realizar actividades relacionadas con las gestiones políticas de los Cabildos. También se ha planteado la necesidad de rescatar y conservar la tradición oral, los rituales y danzas de la región, expresiones que si bien ya no tienen vigencia en la sociedad actual, son recordados y exhibidos como parte de la cultura Yanacona a través de representaciones teatralizadas. Un elemento importante y vigente en la cultura Yanacona es la música tradicional de flautas y tamboras interpretada por conjuntos llamados “chirimías”, las cuales crean temas musicales inspirados en elementos de la naturaleza o en actividades de la vida cotidiana. Estos aspectos de la cultura tradicional han llegado a ser revalorados y hoy son conscientemente exhibidos como símbolos de la identidad Yanacona. Por otra parte, para los indígenas del Macizo, el hecho de asumir el etnónimo Yanacona para identificarse, ha significado establecer un criterio de distinción socio-política y cultural que reafirma su condición de indígenas, distinguiéndolos de los campesinos mestizos con quienes comparten el territorio del Macizo Colombiano. Esta distinción tiene en Colombia un significado específico relacionado con el reconocimiento del status jurídico de la condición de indígenas, lo cual implica el reconocimiento de derechos que proporcionan a éstos ciertas ventajas de las cuales no se benefician los campesinos mestizos, tales como el derecho a gobernarse por autoridades propias, a tener representantes en órganos legislativos a nivel nacional, además de la protección del carácter colectivo de sus territorios y otras ventajas como la exoneración del servicio militar, educación y atención médica gratuitas. Pero el fundamento de esta distinción, a mi modo de ver, debe buscarse en el plano de la representatividad socio-cultural y política que implica el reconocimiento de la etnicidad. En otras palabras, asumir el status étnico significa establecer un criterio de distinción fundamentado en la búsqueda de la autoafirmación de un pueblo, lo cual implica tanto la necesidad de reafirmar un conjunto de valores socio-culturales que proporcionen identidad al grupo, como la necesidad de consolidar el ejercicio de prácticas políticas que le garanticen autonomía para dirigir su propio destino. En este sentido, asumir la identidad Yanacona, significó optar por una estrategia de afirmar una identidad étnica que permitiera a los indígenas del Macizo Colombiano desarrollar un proyecto de vida diferente, fundamentado en el ejercicio de prácticas socio-políticas autonómicas y en la afirmación de sus imaginarios y prácticas socio-culturales. En el lenguaje metafórico empleado por los Yanaconas para hacer referencia al movimiento étnico que están adelantando, se habla de “reconstruir la casa Yanacona”, como un objetivo que se fundamenta en el fortalecimiento y autonomía de sus autoridades, el reconocimiento de su territorio y el desarrollo de sus comunidades. En la “reconstrucción de la casa Yanacona”, adquiere importancia el “refrescar la memoria”, metáfora que hace referencia a la necesidad de revitalizar elementos culturales tradicionales, que hoy imaginan relacionados con la historia y cultura de la sociedad Inca. Esta memoria es la que hoy proporciona los referentes simbólicos que orientan su visión del mundo y dan significado a su vida. Considerando estos elementos, se trata de un caso de lo que en términos de Hobsbawm (1988) se denomina “tradición inventada”, es decir, “un conjunto de prácticas de carácter simbólico que buscan inculcar ciertos valores y normas de comportamiento mediante la repetición de lo que implica una continuidad con el pasado” (Hobsbawm 1988:3). El autor arguye que “todas las tradiciones inventadas usan la historia tanto como pueden como legitimadora de la acción y como aglutinadora de la cohesión grupal” (Ibid 1988: 13), que es lo que justamente se pone en evidencia con el proceso de reindigenización de los Yanaconas, donde en torno a este etnónimo se ha generado un proceso de unificación de las diferentes comunidades, contribuyendo también a legitimar las prácticas socio-culturales y políticas que hoy se gestan a nivel local y regional, las cuales están coadyuvando a la transformación del Macizo Colombiano como espacio social. “Reconstruyendo la casa Yanacona”: la transformación del espacio social. “Los Yanaconas tenemos el pensamiento de que el territorio y la tierra son como una casa; los dueños de la casa Yanacona somos los Yanaconas. Desde hace tiempo vienen entrando unas personas de afuera que nos dañaron y siguen dañando nuestra casa. Como dueños hemos decidido repararla y organizarla. Esas personas también dañaron nuestro hogar Yanacona. Por eso también necesitamos reconstruir nuestro hogar con base en nuestra cultura, identidad y autoridades propias. Los daños ya están hechos, pero tenemos el valor y la voluntad de no llorar sobre los escombros, sino de levantarnos con alternativas que nos permitan reconstruir nuestra casa y nuestro hogar” Pronunciamiento de Guachicono(8) El surgimiento de la identidad Yanacona dió origen a un proceso de develamiento y afirmación de una nueva posición que contribuye a dinamizar los procesos sociales que se venían gestando en el Macizo Colombiano como espacio social: lo étnico. Cabe aclarar que si bien el factor étnico ya estaba presente en este escenario debido a la exitencia de los resguardos indígenas, lo que interesa rasaltar es que con el surgimiento de la identidad Yanacona la dimensión étnica se fortalece y se hace visible, haciendo que los indígenas del Macizo aparezcan como actores políticos que reclaman reconocimiento y autonomía, a la vez que afirman sus valores socio-culturales. Este proceso de develamiento y afirmación de lo étnico, corresponde a lo que los mismos Yanaconas, en su lenguaje metafórico, denominan como la “reconstrucción de la casa Yanacona”. Como se había anotado anteriormente, este proceso de develamiento y afirmación de lo étnico, surge y se desarrolla en una situación de “fricción interétnica”, es decir, en un ámbito caracterizado por relaciones de conflicto y competitividad entre los grupos étnicos y diferentes sectores de la sociedad envolvente (Cardoso de Oliveira 1996:174). En el caso específico de los Yanaconas, estas relaciones de “fricción interétnica” se producen con respecto a los grupos de poder que actúan en el espacio regional del Macizo Colombiano, es decir, con los grupos insurgentes, los agentes del narcotráfico y los antiguos líderes afiliados a los partidos políticos tradicionales. Es a estos sectores sociales que los Yanaconas se refieren cuando manifiestan que: “Desde hace tiempo vienen entrando unas personas de afuera que nos dañaron y siguen dañando nuestra casa”. Las relaciones conflictivas o de “fricción interétnica” con los grupos insurgentes que operan en el Macizo Colombiano, están dadas con respecto a las diferencias ideológicas y estratégicas en las que se basan sus prácticas políticas. Optando por la lucha armada como estrategia para dar solución a los conflictos económicos, sociales y políticos, considerados fundamentalmente como conflictos de clase, los grupos insurgentes que operan en este escenario social desconocen la dimensión étnica en la que se fundamenta el movimiento Yanacona, quienes exigen que tal condición sea considerada en términos de sus especificidades socio-culturales y sus aspiraciones políticas de autodeterminación. A pesar de los atropellos que los grupos insurgentes han cometido en algunas comunidades indígenas, los Yanaconas han optado por asumir una actitud de no intervensión frente a estos grupos, pues si bien son conscientes de los atropellos, también existe la opinión generalizada de que estos grupos han contribuido a controlar la delincuencia común y la ola de violencia que se desató en estas comunidades a partir de la década de los 90 debido a la proliferación del cultivo de amapola para la extracción del látex y el procesamiento del alcaloide derivado. Sin embargo, es preciso resaltar que frente al poder de las armas, la política Yanacona de no violencia ha contribuido en mayor medida a evitar las posibles confrontaciones que pudieran enfrentar a estas dos fuerzas en obvio desequilibrio. Otra faceta de mayor ambivalencia en la situación de “fricción interétnica” se produce en relación a la presencia del cultivo y procesamiento del látex de amapola y las redes del narcotráfico asociadas a esta empresa. La proliferación de este cultivo ilegal entre las comunidades Yanaconas es un fenómeno reciente, sólo a partir de los años noventa se empieza a sentir su impacto destructivo, pués además de generar una desastrosa ola de violencia al interior de las comunidades, la proliferación del cultivo de amapola constituye el factor que mayores amenazas representa para la consolidación y continuidad del movimiento étnico Yanacona. El auge del cultivo de amapola ha dispersado la atención sobre el proceso, o bien porque algunos de sus líderes se involucraron en la producción del alcaloide o porque muchos de ellos se desmotivaron ante la escasa atención que sufrió el movimiento entre los años 93 y 94, en los cuales se interrumpen las actividades organizativas del Cabildo Mayor Yanacona. Pese a todas las consecuencias negativas que este fenómeno trajo para las comunidades Yanaconas, es importante resaltar que los indígenas también están gestando alternativas de solución al problema de la proliferación de cultivos ilícitos y precesamiento y tráfico de drogas. Estas alternativas de solución a dichos problemas se fundamentan en la exigencia al Estado colombiano de un compromiso de no violencia ni intimidación a las comunidades por parte de la fuerza pública y en la concertación como estrategia para establecer acuerdos con el Estado que tengan en cuenta los proyectos de desarrollo social y económico de los pueblos indígenas. Los Yanaconas son conscientes de que frente a los problemas nacionales como el narcotráfico no pueden quedarse aislados. Es un problema que compete a las políticas estatales y la sociedad nacional, y en esa medida, también les compete a los Yanaconas como étnia y como parte de la sociedad colombiana. La relación de las comunidades indígenas con los líderes políticos afiliados al esquema bipartidista colombiano, constituye la más antigua manifestación de relaciones de “fricción interétnica” vivida por los actuales Yanaconas. Desde que se dieron los primeros pasos en el proceso de reindigenización Yanacona, fueron los antiguos líderes de las comunidades, caciques al servicio del clientelismo político establecido con base en el esquema bipartidista, quienes se opusieron a este proceso. Las aspiraciones de autonomía política Yanacona colocaban en peligro la hegemonía que, a nivel de las comunidades indígenas y campesinas del Macizo Colombiano, habían mantenido los líderes de los partidos políticos Liberal y Conservador. Esta situación se manifiesta en el control que los antiguos líderes ejercían sobre las instancias políticas de las comunidades, tales como Cabildos indígenas, Juntas de Acción comunal e inspecciones de policía, así como también la manipulación de las decisiones en favor de sus intereses y el característico intercambio de elementos materiales y favores personales por votos en época de elecciones, factor que constituye la base del clientelismo político. Sin duda, el develamiento y afirmación de la identidad Yanacona generó un campo de conflictos con los antiguos líderes y sus partidos políticos. En algunas comunidades este hecho ha motivado fuertes roses entre los viejos líderes, que van perdiendo legitimidad, y las nuevas autoridades de los Cabildos Yanaconas. Sin embargo, pocas veces han motivado enfrentamientos violentos. Más bien, lo que pretende la identidad Yanacona es crear una consciencia política que pueda conducir a la apertura de espacios de reflexión y participación y al fortalecimiento de su autonomía. En este contexto, el proceso de reindigenización Yanacona, surge como una posibilidad de romper con esta situación de dominación política, a través de la búsqueda de nuevas formas organizativas y políticas fundamentadas en el fortalecimiento de la autoridad de los Cabildos indígenas, con miras a reclamar su derecho a la autonomía, la unificación de las comunidades indígenas y el desarrollo socio-cultural y económico agenciado por ellas mismas y de manera independiente a los intereses clientelistas del bipartidismo político, la posición ideológica de los grupos insurgentes y los intereses económicos de los agentes del narcotráfico. Las anteriores consideraciones conducen a pensar que el proceso de reindigenización Yanacona está produciendo un impacto político que incide en la transformación del espacio social, en la medida en que produjo una re-estructuración del orden social y político a nivel local y regional. Este proceso de transformación del espacio social está relacionado con la afirmación de su condición étnica, lo cual se expresa en dos aspectos fundamentales: el reconocimiento de su identidad y el fortalecimiento de sus autoridades propias. En efecto, asumir el etnónimo Yanacona para identificarse significó también asumir un nuevo status social y político que no puede pasar desapercibido en el ámbito regional. El proceso de develamiento y afirmación de la identidad Yanacona condujo también al reconocimiento de su condición étnica por parte de otros sectores de la sociedad regional, lo cual es una muestra del éxito político que obtuvieron los indígenas a través de un movimiento étnico que proporcionó al grupo un nombre distintivo, así como también capacidad y poder para actuar en función de sus propios objetivos. Prueba de tal reconocimiento a nivel regional es el deseo manifiesto por parte de algunas familias no indígenas de vircularse a la organización social y política Yanacona. Este hecho se destaca en las comunidades indígenas civiles, donde varias familias no indígenas, es decir, campesinos mestizos y afrocolombianos, han solicitado a los Cabildos indígenas que se les dé cabida en la organización, expresando la voluntad de auto-identificarse como indígenas y el deseo de ser reconocidos como tales. Este fenómeno se explica debido a que los campesinos no indígenas reconocen que a partir de la afirmación de la identidad Yanacona, los indígenas del Macizo Colombiano adquieren mayor representatividad y poder para actuar en la gestión de sus objetivos políticos, sociales y económicos. La transformación del espacio social está siendo posible a través de los tres elementos por ellos señalados: cultura, identidad y autoridades propias. No obstante que estos tres factores se encuentran estrechamente relacionados, siendo imposible entender uno sin los otros, es a través de la consolidación y el ejercicio de sus propias autoridades cómo los Yanaconas están contribuyendo a la transformación del Macizo Colombiano como espacio social, en la medida en que al reivindicar su derecho al respeto de sus autoridades y al ejercicio de su autonomía, los Yanaconas están re-estructurando el orden social y político, apareciendo como una fuerza que reclama el derecho a su auto-determinación. Al recuperar los espacios políticos de los Cabildos indígenas, anteriormente ocupados por los líderes que trabajaban dentro del esquema clientelista del bipartidismo colombiano, los líderes del movimiento Yanacona contribuyen a consolidar las autoridades indígenas como espacios políticos desde los cuales se toman las decisiones de acuerdo con sus propios intereses. De esta manera, la recuperación de los Cabildos indígenas como órganos políticos propios, permitió también dar vía libre a la consolidación de su identidad socio-cultural, así como también se dieron los primeros pasos para pensar su próprio desarrollo social y económico dentro de los términos de sus especificidades culturales. Por primera vez en muchos años, los indígenas del Macizo Colombiano se reconocen a sí mismos como un grupo con características socio-culturales e intereses comunes. Fue éste el comienzo de un nuevo estilo de vida, legitimado por la fuerza de una historia y un nombre própio que lo institucionaliza y le proporciona poder para actuar en pos de sus intereses, lo hace visible en una escenario regional y nacional y le otorga un status de reconocimiento y legitimidad. La transformación del espacio social se produce en la medida en que los Yanaconas legitiman y defienden su derecho a la autonomía. La búsqueda de autonomía, entendida como el derecho de los pueblos a elegir y realizar su propio proyecto socio-cultural y político, de acuerdo con su propio pensamiento y aspiraciones, es uno de los principales objetivos políticos de la organización Yanacona. Este objetivo produjo fricciones no sólo con los viejos líderes vinculados al esquema político bipartidista, sino también con otras organizaciones regionales que en un comienzo intentaron cooptar la naciente organización Yanacona. Antes de adherirse al proyecto político de cualquier otra organización o movimiento a nivel regional o nacional, los Yanaconas pretenden fortalecer y estructurar un pensamiento político propio que posibilite la realización de sus aspiraciones autonómicas. Esto explica por qué los Yanaconas se han negado a ser incorporados por movimientos sociales campesinos que operan en el escenario regional, tales como el Comité de Integración del Macizo Colombiano (CIMA) y el Movimiento Comunal de La Vega. Dichas discrepancias producen tensiones en el espacio social, sin embargo no se han presentado confrontaciones entre estos movimientos debido a la diferencia de intereses. Las discrepacias se han tratado con base en un estrategia de diálogo y respeto mutuo. Cabe aclarar que si bien los intereses políticos de los Yanaconas apuntan a la consolidación de su autonomía, sin embargo, no se niegan a estabecer lazos de solidaridad con otras organizaciones indígenas y campesinas a nivel regional y nacional. Las relaciones que los Yanaconas establecen en el espacio regional y nacional están mediadas por sus políticas de respeto, solidaridad y convivencia pocífica. Además de exigir reconocimiento por parte del Estado y la sociedad nacional, los Yanaconas son conscientes de que como pueblo están en estrecha relación con otros sectores de la sociedad nacional y por ende, la solución a sus problemas deberá realizarse conjuntamente dentro de una relación de respeto mutuo, cooperación y convivencia pacífica. Cuando los Yanaconas hablan de “reconstruir la casa Yanacona”, significa la posibilidad de colocar en práctica una “política generativa” que “permita a los individuos y grupos hacer que las cosas acontezcan y no esperar que las cosas les acontezcan” (Ibid. 1996: 23). Esto es lo que se coloca en evidencia cuando los Yanaconas expresan: “los daños ya están hechos, pero tenemos el valor y la voluntad de no llorar sobre los escombros, sino de levantarnos con alternativas que nos permitan reconstruir nuestra casa y nuestro hogar”. Es decir, la “reconstrucción de la casa Yanacona”, es la expresión metafórica con que los Yanaconas manifiestan su voluntad de reconstruirse como pueblo, al mismo tiempo que están generando espacios de reflexión y acción para la creación de formas societales basadas en principios democráticos, reflexivos y antifundamentalistas. Son éstas las bases del pensamiento político y las prácticas sociales generadas con base en la identidad Yanacona que están contribuyendo a la transformación del Macizo Colombiano como espacio social. Pie de página: (1) El resguardo es una institución de origen colonial creada con el fin de reducir a los pueblos indígenas dentro de un territorio delimitado que tiene el carácter de propiedad colectiva. Con el establecimiento del régimen republicano y las nuevas tendencias liberales en las que éste se fundamentó, se promulga la extinción de los resguardos para dar vía libre a la propiedad privada. La resistencia indígena a estas nuevas disposiciones fue constante y árdua. Posteriormente, la ley 89 de 1890 reconoce la propiedad colectiva de las tierras de los resguardos indígenas y les otorga el carácter de ser inalienables e inembargables Bibliografía • Burgwal, Gerrit. 1993. Caciquismo, paralelismo and clientelismo. The history of Quito squatler settlement; Amsterdam. |
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